EL ARTE Y EL HOMBRE
En un lugar del alma, de cuyo nombre no quiero acordarme, habitaban como invitados seres humanos denominados conscientes, poco a poco, su sed por transmitir su corazón iba aumentando. En una caverna muy lejos y atrás de aquello ya olvidado, un hombre se aprovechó del tiempo, y, entonces, lo adiestró, adueñándose de las situaciones escondidas por la sombra de grandes pierdas. El tiempo le obsequió un regalo universal: el arte. El hombre aprovechó que aquel palabra le ayudaba a transmitir aquello que su garganta de concreto le impedía, entonces, escribió, compuso e inventó. Luego, aquel hombre utilizó aquel don, se lo obsequió al corazón y a aquel ser que los atrapaba, su alma. Desde entonces, el alma quiso estar en las entrañas del humano, esperando a ser escrita e interpretada, y el corazón, fuente y mar de aquel agua clara de aquel ente, que con ella se encontraba quiso ser símbolo de ella y del arte mismo.

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